Huir sin remedio…

Unas balas certeras, sin saber de donde,

arrebataron la vida de mi marido.

Sin querer manifestar mi dolor delante de esas tres caritas,

que observaban incrédulos, y llenos de miedo.

Paralizada en medio de aquel horror, no teniendo tiempo para pensar,

una sábana como maleta, tres ropas gastadas, ato todas mis posesiones.

Tomo en mis brazos a Adrian,  Leyla y María se toman de la mano,

sin mediar palabras, iniciamos un camino incierto…

Un temblor inesperado sacudió nuestros cuerpos,

que abrazados como una piña, nos obligó a mirar hacia atrás,

viendo como caía el techo de nuestra casa por el impacto de una bomba,

luchando por salvar la vida de mis hijos, con el corazón destrozado,

mi única opción era caminar y caminar sin rumbo…

El cansancio y el hambre detuvo mis pasos, soñando con un  pequeño refugio  que calmara mis miedos,  y  el llanto de mis hijos…

_¿Que tienen que ver mis niños en esta maldita guerra?…_¡¡¡Porqueeee!!!.

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Borde de la cama…

Mientras esperaba el ultimo tren de la media noche,

ella cruzaba los dedos, suplicando en silencio que fuera puntual,

tenía miedo, la soledad del lugar acentuaba su ansiedad.

Una pequeña luz la sacó de su pensamiento,

la alegría se reflejó en su rostro,

sentada en un  confortable vagón, sonreía,

con su cámara quiso plasmar los reflejos  de los rieles en las  ventanas,

las luces de cada estación,

se sentía tan cómoda y confiada en aquel desconocido tren,

su temor había quedado atrás.

De repente un desconcertante y brusco  cambio de sentido, le hizo levantarse del asiento,

había  entrado en un extraño túnel, en la más absoluta oscuridad,

no había nadie en el vagón, paralizada en medio de la nada,

estiró la mano buscando un punto de apoyo…

El borde de la cama la separaba del suelo.

 

Memoria

Ella corrió tan de prisa como pudo,

hizo señales con las manos, gritó a todo pulmón,

otros pasajeros del autobús  llamaron la atención del conductor,

pero éste, no paró.

Agotada, su corazón salía del pecho, sentada en un banco esperaba el nuevo autobús,

había perdido la cita en el médico, el reloj en la pared parecía no avanzar,

iban y venían  viajeros y autobuses a diferentes lugares,

maletas, bolsas, vendedores, compradores, cruzaban la estación.

Después de una larga espera a punto de llegar la hora prevista de salida,

unos ojos conocidos se posaron en ella,

—¡No puedo creerlo! se dijo

_ Si, es él!

Se habían despedido allí hacía  25 años …

Tenía que subir al autobús…

Nos despedimos ayer?

No, no  lo recuerdo, ¡Mi memoria!

Memoria dormida…

Una tarde de otoño, Laura inicia su paseo rutinario por el parque,

sentada en su banco favorito, se percata que la sombra de una persona la observa,

en ese momento de incertidumbre, el viento empieza a mover las hojas caídas, rozando sus zapatos.

Una nube cubre el cielo, una serie de relámpagos, truenos, unas fuertes gotas caen sobre su cara,

la luz se refleja por todo su cuerpo, produciendo en  ella una sensación sorprendente.

Otro tiempo y otro lugar; se hacen presentes.

Sus labios repetían con desesperación….     Arturo! , Arturo!   llamaba angustiada,

sus manos apretadas, sus dedos encogidos, su rostro desencajado,

lagrimas, lluvia, nubes, truenos, relámpagos,

su corazón palpitaba ,desconsoladamente!…

Lo esperaba,!  lo buscaba!,

“ahora en el parque ,”lo veía claro”

En medio de la tormenta, toda su memoria dormida,

despertaba, en aquel instante!

Laura!  Laura!   gritaba el bombero….