El gato…

Me senté en un rincón del bar,

una copa siguió a la otra,

y, otra, otra, otra,

un gato tumbado en mis pies saboreaba los aperitivos.

La camarera empezó a bajar las persianas,

la gente salió del local.

Olvidé mi dirección, sabía que un olivo había en mi puerta,

el gato decidió acompañarme, subimos a la copa del arbol.

Los rayos del sol aparecían en mi cara,

mi cabeza colgaba del hombro del bombero,

mientras me bajaba del techo de mi vecino.

Yo creí en el gato…¿Que me daría de beber?

¡ Gato traidor!

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